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jueves, 10 de agosto de 2017

DÍA DE TARDE

- ¡Me voy a la vaquilla, Kufisto!
- No jodas
- ¡Sí! Esta tarde -dijo riendo-, con la moto que así controlo más. Ponme un chupito. Llego a casa, como, una buena siesta y me voy con este que acabo de llamar, nos tomamos cuatro cervezas y nos fumamos cuatro porros y para casa, tranquilitos, sin historias...Que luego coges el coche y te bebes cuatro copas y te metes cuatro rayas y te vuelves loco, coño. ¡Pero loco, Kufisto, eh! Mira, estas dos últimas veces que he pillado medio pollo los he tirao a la mitad por el retrete del asco que me estaba dando a mi mismo. Haciendo el subnormal, el payaso, metiéndome en líos...¿para qué?, ¿para qué, coño, para qué? ¡Será que me hace algún bien! Joder, que tengo 31 años y un hijo que sólo puedo ver de higos a brevas...No, se acabó esa mierda...Mi motejo de tranqui, cuatro birras y cuatro petas, unas risas y pá casa. Asco ya de tanta mierda.

Se fue. Salí a la calle y encendí el primer cigarrillo del día. Lo tiré a la mitad y a los cinco minutos estaba acordándome de él. No salí a buscar la colilla como otras veces porque sabía que había más en el paquete que a veces guardamos de reserva en el frigorífico. Bueno, cualquier día de estos será el bueno.

- Hola, Kufisto
- Hola, Pachi
- Ponme una caña
- ¿Qué tal va eso?
- Bien, bueno...que no puedo quedarme solo, jajaja...
- ¿Y eso?
- Ná, que el martes me lié. Tengo a la mujer con los chicos en la costa. Hoy vienen. Yo no me pude ir porque estoy de baja y tal, no sea que la cague otra vez...Pues ná, que estuve por aquí por la noche, con tu hermano, y luego vinieron la Antonia con su novio y, bueno...ya sabes. Venga copas, venga rayas...que nos fuimos para el Birras y joder, ¡estaba aquello lleno, coño!
- ¿Qué hora era?
- Pues no sé, ¿a qué hora me iría de aquí? ¿a las...? joder, no me acuerdo. La una y media o las dos, no sé...Bueno, que hacía siglos que no iba a ese garito. Desde que lo llevaba Alex, más o menos
- Joder, pues como yo
- Pues no veas como ha cambiao la película. Ahora hacen cenas y tal. Tipo montados, pizzas, burguers y todo eso...La gente también es diferente, no es tan, tan...como era antes, de golfos y eso...
- Ya, ya...
- Bueno, pues llegamos allí, bien pasaetes, y llega el Naranjito, el pequeño, ¿lo conoces?
- Claro, muy buen chico
- Pues ese. Y llega y nada más entrar viene a saludarnos y tal, que si esto que si lo otro, que si tal pascual...yo ya estaba cagándome en Dios, pero bueno. Y en esto que nos dice que si íbamos a cenar. ¡Mira! Y ya cojo y le digo que qué cojones le importaba a él si íbamos a cenar o no. ¿Y sabes lo que me dijo?
- ¿Qué te dijo?
- Que bueno, que ¡él era el camarero!
- Jajajaj
- Jajajaj...Me cago en la puta. se quedó blanco el pobre chaval.
- Normal
- Joder...En fin, que en una de las veces que nos salimos al coche volvimos y ya no quedaba casi nadie. Se vació de golpe. Y ná, ya a eso de las cinco nos fuimos ya medio echaos de allí...Y bueno, pues eso. Que no puedo estar solo.

Llegó de trabajar una vieja gloria local y se vino con nosotros. Le puse su tercio de la Mahou y empezaron a cruzarse viejas historias al relance de las últimas brasas de la anterior. Vi su camiseta y conté una anécdota del personaje y su fantástico año 1972 del que no recordaba nada.

- Joder -dijo el portador- eso me pasa a mi con los cinco años que pasé en Madrid en los ochenta. No me acuerdo de nada. Es como no sé, como un paréntesis en negro de mi vida. Todo entripao, todos los putos días...De vez en cuando me he encontrado a alguien preguntándome si no me acordaba de él. "¿Yo qué coño me voy a acordar de ti? ¿quien eres?" Y entonces me decía que era este, que me había conocido en tal sitio, con tal gente, en tal movida...Y ya empiezan a venir algunos fogonazos a la cabeza. O si te metes algo, no ácidos, yo no tomo de eso desde hace mucho tiempo, pero algo...Y es como si el cerebro volviera a coger aquella onda y te entornara un poco la puerta de todo aquello...Joder, la hostia...Pero si estás normal no te acuerdas de ná. Es más, que a muchos los he mandao a la mierda. Alguno se llevó un buen hostión, como aquel pesao en el bar de Pepe que salió por la cristalera. ¡Y menos mal que estaba abierta!
- Jajaja
- Jajaja
- Que sí, que sí, que no soporto a los putos pesaos, que si he dicho que no te conozco es que no te conozco, no me toques más los cojones

Pachi contó algunas buenas historias de sus años perdidos y después se fue.

- Tipo duro el Pachi -dijo
- Joder, y tan duro
- Pocos le han pegao y a muchos ha baldao
- Una fuerza de la naturaleza. Un buen tío con problemas. No llegué a conocer a su padre pero el mío sí y decía que eran iguales. Buena gente mientras los conocieras. El peligro se esconde en el desconocimiento. De aquí vienen todos los malos entendidos.
- Joder...muy profundo eso, Kufisto, muy profundo...Anda, me voy a comer que sino mi mujer me va a estrellar el plato en la cabeza...¿qué hora es? ¡las tres menos cinco! ¡adiós!

Y se fue echando a correr para que me riera.

Uno de mis ciegos preferidos de la ONCE se pasó a verme, tomarse algo y ya de paso colocarme un cupón de los que nunca tocan.

- ¿Como va eso, Domingo?
- Mal, Kufisto, mal -dijo de buen humor, como siempre, tanteando la barra y el taburete. Todavía ve algo, pero el cambio de la luz del día a la del bar le deja momentáneamente ciego total. Se sentó- Dame, dame...¿qué me vas a dar? joder, si es que no puedo tomar ná.
- Ya me dijeron ayer que el martes te sacaron azúcar o no sé qué -desde hace años lleva una lucha constante con sus niveles, siempre descompensados.
- Sí, sí...algo de eso, siempre hay alguna historia. ¿Tienes leche desnatada o semi?
- Nooo
- Pues ponme un cafe con poca leche
- Marchandooo

Le quedan un par de años para jubilarse. Hará doce que empezó a perder visión y tuvo que dejar de trabajar el bar que llevaba junto a su mujer en un lejano pueblo de la ancha Mancha. Se metió a la ONCE y lo mandaron para acá. Los fines de semana va a ver a su familia. Hace poco casó a una hija. Es padre de tres y una de ellas es su tesoro especial, muy especial, y está casado con una mujer que ha caído en una depresión desde hace unos meses. El anterior a la boda de su otra hija estaba tan nervioso que perdió hasta peso. Todo acabó saliendo bien. Él fue quien me hizo la mejor foto que me han hecho en la vida. Fue una mañana en la que yo estaba de resaca criminal. Llegó y pidió algo. Se lo puse y me senté ante el ordenador, mudo. Entonces él, sin decir nada, me hizo la foto.

- Mira, Kufisto
- ¿Qué, coño?
- Miiira, don Cabreos.

De mala gana le cogí el teléfono esperando ver cualquier gilipollez de vídeo. Y entonces me vi. Me vi por primera vez en mi vida en una fotografía. Ese era yo. Ese. Ese y no otro. Le dije que la pasara a mi teléfono y la puse en el wasap. Ese soy yo. Ese seré yo si algún día llegáis a verme. Y es que Domingo, antes de ir perdiendo visión y tener que hacer cosas de ciego, fue un fotógrafo aficionado. Y eso se nota.

- ¿Como ha ido la venta, petardo? -le he preguntado
- Mal, mal...No hay nadie. Está todo el mundo por ahí. Luego dicen que hay crisis
- Pues ya somos dos.
- ¿Y Paco? ¿no ha bajado a tomar café?
- No tardará -dije. Paco es el ciego oficial del bar. Está jubilado y pasa de todo. Si mañana saliera el sol por el oeste él estaría esperándome en la puerta del bar a las siete y cuarto de la mañana, bastón en mano y pito en la boca.
- Pues toma el cupón que me voy. Dale recuerdos al neonazi.
- De tu parte
- Paz y amor
- Dijo el Señor
- Eso

La tarde se iba. Mi día laboral se acababa cuando llegó un buen hombre que sólo viene cuando tiene a alguien muy enfermo. Esta vez es su anciano padre. Ya va para una semana que nos vemos. El sábado pasado cambió su eterno tubo de cerveza por tres Larios con cocacola. El día anterior me había enseñado un mensaje de su ex. Estaba con su "amigo", decía, y no se había enterado hasta ese momento, dos días después. No podía haber dicho que había estado de compras, o de peluquerías, o en un concierto de cámara en Baden-Baden, o vendimiando en la Toscana, no...Tenía que decirle que estaba con su "amigo" Entonces, al relance, que es como pasan las cosas en los bares, me contó que tiene un hijo en la cárcel por "subnormal" (drogas) y otro que "sigue estudiando con 27 años" y al que todavía tiene que mantener.

- ¿Qué tal? -le he dicho
- Bueno...
- ¿Qué te pongo?
- Un tubo, como siempre. Lo del otro día fue el otro día.

El asunto va a mejor. Las pruebas de la alarmante anemia que ingresó a su padre están dando resultados negativos y ya no hay más orificios donde rascar. Todo está medio correcto y probablemente le den el alta este fin de semana. Anemia y cáncer son cosas que suelen ir juntas y parece ser que esta vez ha habido suertecilla.

Estábamos hablando del tema cuando ha llegado Paco dando bastonazos a diestro y siniestro.

- Ahí, Paco, ahí, donde estás -le he dicho
- Ponme un café
- Recuerdos de tu amigo Domingo
- Pues bueno. ¿Qué has comido? -ha preguntado como todas las tardes desde que el mundo es mundo, o eso recuerdo.
- Pues algo que te hubiera gustao
- ¿El qué?
- Tus mejillones a la vinagreta con un bote de judías que he comprado en el moro. No he dejao ni uno.
- ¿Ni uno?
- Ni uno
- Cabrón
- Bueno, tú te comiste diez este mediodía
- Ya, ya...¿Sabes donde va a ir la botella de agua hoy, no?
- Me lo imagino
- Pues eso

De un tiempo a esta parte ha cogido la costumbre de tirar la botella vacía de agua tras la barra. Entonces yo me agacho, la recojo, le digo cabrón y la tiro a la basura. Bueno, no ve nada desde los veinte años, su padre está inconsciente en la cama desde hace ocho y la anciana madre se encarga de los dos. Sus hermanos están pendientes pero tienen sus familias y sus vidas. Ayer vi a uno de ellos y lo reconocí cuando estando en la calle fumándome un pito me saludó de refilón al pasar por la puerta con su rubísimo hijito.

- Hoy me voy de cena con mis hermanos, Kufisto -ha dicho
- Muy bien, Paco
- Vamos a aprovechar que estamos todos por aquí
- Claro...¿Y la mama?
- La mama se queda con el papa
- Bueno, pues nada, a hincharse, figurín
- Y mañana pesaje con la dietista
- Pues a palmar
- Pues que le den
- Haces bien, Paco, haces bien
- Pues claro. ¿Qué te debo?

Paco se fue y el otro se quedó un poco más. Me pidió un par de sandwichs para su padre y su tercer tubo. Y un rato más tarde me quedé solo.


Salí a la calle. La tarde estaba perfecta para dar un buen paseo. Sólo faltaban veinte minutos para el cambio del turno. Consideré el tiempo y la posibilidad de beberme una cerveza helada y fumarme un pito. Dudé un tanto y pasé adentro. Cogí una copa del congelador y me serví una cerveza al gusto. Rulé un cigarrillo del frigorífico y salí afuera. Una mujerona pasó delante de mis narices para sentarse en la terraza que hay en la otra manzana.


Y entonces pasé adentro, pillé una bolsa de hielo, la metí en el coche y esperé un poco más.


Todavía no he olvidado que Johnnie Walker y Golden Virginia siguen esperando que llegue a casa.

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