Tu Perfume

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MEJOR DICTADOR

MEJOR DICTADOR

MEJOR DICTADOR

miércoles, 22 de mayo de 2013

EBASTEL. BIEN FORTE




Si mañana amaneciera un segundo sol en el cielo muchos creerían que el fin del mundo por fin habría llegado, que no son pocos quienes lo desean, más por ansia de venganza que ninguna otra cosa: con todo el miedo que le tienen a la muerte, no es tanto como el deseo de que nadie pueda ser feliz. Aquello que más les mata no es su fin, no, ni que siga existiendo la vida cuando ellos ya no estén...sino que, pese a todo, continúe siendo posible la felicidad. Aunque sólo sea a ratos.

Pero imaginad que tras el descontrol inicial la cosa se estabilizara, es decir, que no fuera a más, simplemente se trataría de otro sol, hay planetas que tienen tres, sólo sería cuestión de acostumbrarse, uno no puede luchar contra una estrella, hay que dejarla.

Pasado el suficiente tiempo (que lo hay de sobra) y las necesarias generaciones terminaría viéndose como algo normal, natural, algo a lo que ya estaría acostumbrado el hombre del año 5000, o lo que sea que llegue allí. Puede que incluso se le ocultara que una vez hubo un sólo sol, ¿para qué necesitaría saber eso? Sólo unos pocos quieren saber, la mayoría se conforma con repetir.

La tranquilidad nace de la costumbre. Por esto la Tradición pierde su importancia al perder las formas: si no la ves, es que ya no está. Es más, ¿estuvo alguna vez?

Si no se puede ver lo que ofreces, al menos vístelo bien. No hay que olvidar que más comemos por los ojos que por la boca.

Llevaba unos días un tanto preocupado, parecía como si esta primavera la alergia se hubiera olvidado de mi por primera vez desde que más o menos tengo uso razón, que uno ya tiene el suficiente pasado a cuestas como para mosquearse por cualquier cambio, aunque aparentemente sea para bien. Como dice el dicho, las gallinas que se van, por las que entran.

Por ejemplo, tengo un bulto detrás del lóbulo de mi oreja izquierda. Pues bien, hace tanto que está ahí (casi ni me acuerdo si no estuvo alguna vez) que me olería a cuerno si no lo encontrara una tarde de estas en las que salgo a la puerta del bar para quemar el enésimo cigarrillo mientras miro como lo nuevo está como siempre. Sólo cambia el fondo, pero yo sólo veo la forma.

No es nada, un abceso de grasa, eso fue lo que dijo mi médico (¿o era médica?) una tarde de hace muchos años en la que fui para cualquier otra cosa, "te lo pueden quitar, sí...pero si no te molesta, déjalo estar" Y lo dejé, aunque de otra en otra lo espachurro cuando empieza a supurar, pero siempre queda algo. No es malo, no me molesta, nunca he pensado ponerme pendientes y no se ve, ¿qué mas da? Pero hubo una chica que se dio cuenta, "¿me dejas que te lo explote?", la muy puta disfrutaba haciéndolo, sentada sobre mi espalda le clavaba las uñas, a pelo, "¡¡¡HALAAA!!!", casi podía verle la cara, los labios mordidos, los ojos apretados, era muy joven y tenía unas piernas que ya las hubiera querido como brazos el Tyson de sus buenos tiempos...qué tía. Pero jamás pudo dejarlo seco. Bien está mientras esté allí.

Sabéis que gusto de pasear por el campo, o más exactamente por sus aledaños, en la periferia de la ciudad, entre el cielo y el suelo, que dirían los Mecano, por siempre moñas: dentro cuando hay pocos y fuera cuando hay algunos.

El caso es que tanta agua ha caído durante estos meses de atrás que nuestra Mancha parece Asturias de tan verde como está, de verdad, nunca la había visto así, y sin haberlo hecho afirmo que es aún más hermosa que Murcia, por muchos especiales pro-caspa y para la casta que financien sus políticos...

No había llegado la primavera cuando ya empezaron con las advertencias, "este año será terrible para los alérgicos", pero yo seguí a mi marcha, me gusta hacerla sin ayuda de nadie hasta donde puedo, y aún así casi prefiero dejar de hacer que seguir haciendo. Casi.

Nacieron esas florecillas que nada valen porque sobran, esas que no necesitan ningún cuidado para ponerse a bailar a la luz del sol de la mañana, de la tarde y de la noche, que todo es sol, y eso que sólo hay uno, de momento, y yo iba paseando junto a ellas, mirándolas entre las malas hierbas que ningún daño me han hecho nunca, y pasaron los días y las semanas y empecé a oler el aroma de aquellas, que los fumadores también olemos lo que hay que oler, y no dejaba de maravillarme que pudiera hacerlo sin llorar, ni estornudar, ni dar a luz mocos, para que luego digan...

Todo ha cambiado esta mañana. Ha sido despertarme después de ¡9! horas de sueño (es lo que tiene la vida tranquila) cuando me he dado cuenta de que la primavera ha llegado para mi ahora que está empezando a recoger sus bártulos, o poniendo sus últimos, mejor, que nada que merezca alguna pena no lo es sino le sirve a quien viene después.

He cogido una pirula perdida antes de salir a caminar, "por si...", aunque ya estaba claro que no iba a haber tutía. Lo malo ha sido que no era una de las mías, sino de la vieja, una dexatavegil (por cierto, una de mis entradas más leídas, aunque más me temo por el título que por otra cosa), una pastillita diminuta, rosita, pero  conocí a alguno que se comió un cuartillo de ajo color de rosa y vio al diablo en el asiento de atrás, "...arrancakufisto..." me dijo mientras intentaba calmarle, "¿Qué?", "¡¡¡QUE ARRANQUES!!!¿¿¿NO LO VES AHÍ DETRÁS???"

Las mías son otras, pero a falta de pan buenas son tortas para embrutecerte.

En fin, que sí, que pá dentro a los tres minutos de estar fuera...

Viendo que iba a ser imposible hacer lo normal he decidido coger el coche y perder la poca mañana que me quedaba en ir al banco, al menos así me quitaba algo malo para cuando esté bien, he ingresado lo justo (¡¡¡NI UN DURO DE MÁS, AMIGOS, NI UN DURO DE MÁS!!! Al menos que sean ellos los que por una vez paguen a los ladrones que quieran quitarnos el calcetín bajo el colchón) y me he ido a casa.

Y un rato después, al bar.

No digo que haya estado como esa tarde de mi primavera que le di tres caladas a un chino de caballo, ya os lo conté, eso fue diferente, era como dormir despierto, demasiado bueno para ser verdad, y no me gusta la mentira, y no estoy seguro que aquella me guste mucho más, pero esto...esto ha sido dormirte vivo, que no es lo mismo.

Al menos sé que no me ha dejado, que ha vuelto y eso, que más voy queriéndolo de cualquier cosa que no, que sigan habiendo chamizos si ya no van a haber castillos.

Lo que no te mata te hace más fuerte...porque no te ha matado.

Así que re-bienvenida, pero mis armas de mañana serán más adecuadas.

Y seguro que sólo por el nombre con el que voy a bautizar esto serás más conocida, ya que no celebrada.

Aunque para mi sea de lo mejor.


Son buenos estos japos...


martes, 21 de mayo de 2013

NO SÉ SI HABRÁ OTRA VEZ PARA MI




A veces es mejor mostrar y callar.

Un poco de músicaaaa...:



Y ya está hecho.

lunes, 20 de mayo de 2013

LA LEY DE LOS FUERTES




Abrieron la primera justo enfrente de nuestro Gran Hotel, uno que lleva cerrado desde primeros de año, cubrieron con placas metálicas a puertas y ventanales en previsión de lo que pudiera pasar, aunque no tardaron ni cero coma en ser pintarrajeadas por nuestra chavalería, que ya hay que ser tonto para gastarse el dinero que le sableas a papa en esas cosas, y más aún si lo haces sobre una superficie ondulada, que ya me dirás tú qué coño puedes pintar sobre las olas, pero en fin, esto es lo que tenemos y estos serán los que paguen nuestras pensiones y todo eso.

La calle es una de las principales del pueblo, adyacente a nuestra Gran Vía, esa que ya casi tiene tantos locales vacíos como ocupados, aunque peor está la cosa en esta de la que os hablo: todo cerrado menos un bareto al que le quedan cuatro días y la frutería abierta por los moros.

No recuerdo que había antes de que llegaran ellos, a pesar de pasar por allí casi a diario. Si estoy dentro del pueblo sólo tengo oídos para mi música. Y piernas.

Pero una mañana crucé el paso ce cebra para no abandonar al sol y casi me cegó el resplandor de las naranjas perfectamente apiladas detrás del escaparate, me gusta el naranja, sería mi color de no existir el verde, pero lo mejor de todo es que estas venían con algunas de sus hojas, miel sobre hojuelas, que si no la he probado sé que quiere decir algo bueno, aunque bien pensando es un tanto estúpido tener por bueno algo que no conoces, así que no sé...mejor galletas María con Nocilla.

De tal manera llamaron mi atención que me quité hasta los auriculares, algo que sólo me pasa cuando lo hago por una tienda de animales donde los perritos apoyan sus patitas delanteras sobre el cristal mientras te miran como pidiéndote por favor que los saques de allí y los gatitos se entretienen con tiritas de papel si no están durmiendo, siempre me voy con una sonrisa. Tanto me gustaron aquellas naranjas que decidí entrar para llevarme unos cuantos kilos, y eso que todavía me quedaba casi media hora de trayecto, pero no fue esto lo que me echó para atrás sino ver que estaba lleno de marujas, es decir, seis o siete, que la tienda es poco más que una de esas soluciones habitacionales, y sólo de pensar en codearme con esas tías bestiales se me quitaron las ganas de naranjas, así que me fui para casa, pillé el coche y se las compré a los franceses. Al menos allí disfrutas de un cierto espacio vital y no tienes porqué hablar ni oír a nadie.

Un domingo, a eso de las ocho de la mañana, vi que tenían abierto y pasé, no había más que una vieja y el moro con bigotes.

- "Buenos días"
- "Buenos días, senior..."
- "¿Tienes alcachofas?"
- "Sí, mire, allí están"

Esquivé a la vieja que estaba toqueteando las manzanas a pelo, como si en alguna de ellas hubiera algo que no fuera manzana, algo como no sé, ¿un vale por cincuenta años menos?, me puse un guante de plástico y escogí unas cuantas, el moro me cobró cuatro perras y se despidió de mi con una gran sonrisa y un que tenga un buen día, senior...

He vuelto alguna otra vez, cambian de moro, el producto está bien y los precios no sé, que yo no me fijo en eso cuando compro, mis gustos son sencillos, pero se ve que deben ser bajos, no hay género pasado para colocar a algún despistado, como en una de esas detodalavida, una del terreno, donde me la metieron todo lo que pudieron y más la primera y última vez que fui.

Hará cosa de un mes que cerró una tienda de muebles que había en mi calle, el dueño o encargado era uno de mi edad, un caraflán con el que sólo he cruzado un hola, ¿qué vas a tomar? un día que se pasó por nuestro negocio poco antes de cerrar el suyo, me quedé a cuadros, ya casi estaba convencido de que nos iríamos a nuestras respectivas tumbas sin habernos dirigido la palabra a pesar de vernos centenares de veces.

Y no hace una semana que vi pegada una cartulina verde en el escaparate de su ex-tienda: Próxima inauguración de Frutería. Miré dentro y vi a unos cuantos moros yendo de acá para alá.

La han abierto hoy, me he dado cuenta al regresar a casa después de un corto paseo a causa de mi mala cabeza, ni siquiera he tenido tiempo para echar las primitivas, todavía no eran las diez, y a muchos españoles les gusta abrir tarde y cerrar pronto, décadas de sopa boba dejan su sello, aunque ahora que recuerdo...sí, han adelantado su horario a las nueve y media, que el asunto va estando jodido hasta para los castillos en el aire, el Deporte Nacional.

He comido por lo que no cené anoche y después me he dedicado durante una hora a enviar por el Wasap fotos cachondas, no han tenido demasiado eco, hoy es lunes, que se jodan. Y finalmente el cocido ha conseguido despertar a mi sueño, no sin que ofreciera una cierta resistencia el gilipollas que que se jugó todos sus ahorros (2600 neuros) a que el Madrí sería campeón de Copa: en tres días ha recibido más visitas que yo en tres años.

Hacía feo cuando he vuelto a abrir los ojos con el último sueño extraño dentro de mi cabeza. Se ha puesto a llover y poco después a granizar, me he levantado del sofá para mirar por la ventana, el gato también, y he visto como un grupo de niños del colegio de enfrente estaban haciendo lo mismo que yo, que no todos los días se ven caer piedras del cielo. Aunque su existencia sea menor que la de un mosquito. Al menos en esa forma.

Como el móvil estaba quedándose sin batería y sólo puedo recargarlo en el ordenador he decidido leer algo en papel, el día no parecía dar para más, y he cogido uno de Baroja, "La lucha por la vida", dos páginas después he añorado el último hilo de Burbuja que estaba leyendo, uno que pedía ayuda para defenderse de los gitanos. Y ya no sabía si comer otra vez o qué.

Finalmente ha llegado la hora necesaria y me he ido a hacer unos mandaos. Ya no llovía y se empezaba a ver el sol, que ciertas cosas en ciertos días es mejor verlas que sentirlas.

He tenido suerte de encontrarme la farmacia abierta, pues esta es de las que nunca estás seguro, estaba el mismo tío triste de siempre, pero esta vez acompañado por su mujer, una reciente cincuentona que las veces que la he encontrado me mira como si quisiera algo, aunque bien puede ser que sean cosas mías, no sé, el caso es que le voy a tirar los trastos como llegue a verla sola, cosa que me extraña bastante. Ha vuelto a pasarse adentro y su marido me ha servido el bicarbonato: casi cinco euros. Los franceses te lo venden a uno y medio.

Una vez validada mi mala suerte he continuado el camino hasta la tienda de golosinas, una que regenta uno de los tipos más estiraos que he conocido en mi vida, pero también vende pan, y como hoy tengo hambre me hace falta algo más que las tostadas integrales, estoy dejándolo, tanto pan embrutece el entendimiento. Solía comprárselo, lo suficiente como para que se animara a visitar nuestro bar una vez cada dos o tres meses para tomarse un cortao, "¿te queda pan?", "no", "vale, adiós" Y he tenido la sensación del que sufre una pequeña venganza. Quizá estuviera abierta esa panadería que atiende una vieja y su cuarentón hijo, ese que parece fantasear con cuerdas y cuchillos, pero no. Ya no son horas para según quién. O quienes.

"¿Venderán pan los moros?" al menos la otra sí lo hace, de muchas clases, ¡hasta se ponen un guante de plástico para cogerlo!

La puerta estaba abierta pero no lo parecía del todo, era como si aún estuvieran dando los últimos retoques que haya que darle a una frutería. Un moro con bigotes estaba justo a la entrada con una bolsa, su empañolada mujer y su hijo, uno pequeño, he asomado la cabeza y he preguntado por lo mío, olía más que a cuquillo, el moro comprador que se iba me ha mirado como miran los moros a los hijos de los vaticanistasegundos, pero el vendedor no, ha sacado la mejor de sus sonrisas americanas y me ha dicho que sí, el otro se ha despedido a lo moro y este le ha respondido algo parecido mientras me alcanzaba el pan.

- "¿Cuanto es?"
- "Treinta y cinco céntimos, senior..."
- "¿Treinta y cinco?"
- "Sí, senior, aquí todo más barato"
- "Vale, gracias"
- "Hasta luego, senior"
- "Hasta luego"

Y después de dejar el material en casa he salido a andar un rato. La tarde estaba limpiándose de las nubes de la mañana.

Iba paseando cerca de la salvaje maleza que rodea al ambulatorio cuando me he acordado de los chinos de Marqués de Vadillo, de algunos de ellos, unos que en dos semanas le dieron la vuelta como a un calcetín a un enorme local que estaba a la entrada de ese barrio ¿madrileño?, fue digno de ver, hubo un domingo que regresábamos medio pedos a las once de la noche y ahí estaba un ejército de chinos trabajando, arriba y abajo, adentro y afuera, sin hablar, sólo se escuchaban las cosas que manipulaban, increíble, parecían de otro planeta, o al menos de otro género diferente al nuestro, aunque ni son extraterrestres ni dejan de ser humanos: sólo son de otro manera. También me he acordado del rumanoide que lleva el único 24 horas que merece tal nombre, los otros no llegan ni a doce, está junto a uno de los peores tugurios, me acuerdo que una noche de diario estábamos allí pedos perdidos, ya eran las cuatro o las cinco, la hez de la hez, y nos dio el hambre negra y fuimos a su tienda a comprarle pizzas y demás basura congelada, le dijimos que se viniera con nosotros pero pasó y siguió allí, en su sitio, esperando...Por no hablar de aquella madrugada de domingo navideño que nos quedamos sin hielo y fui a comprárselo viendo que el de la leyenda local ya había cerrado, "verás como el del rumano está abierto" me dije. Efectivamente: y a la mitad de precio. Y me ayudó a cargar los sacos en el coche.

Y viendo todas esas hierbas que dicen malas he pensado que lo serán, pero también que son mucho más fuertes que las otras: sólo las detiene el cemento. Y apenas necesitan más que caer donde sea y que llueva un poco.

He estado a punto de pisar un caracol, hacía años que no veía uno vivo, estaba arrastrándose por las baldosas en dirección a su Amazonas, puede que el temporal de la media tarde lo hubiera expulsado, pero ya se había ido y él se afanaba por regresar, cosa complicada a ese ritmo y en ese sitio...Lo he cogido no sin cierto asco y con cuidado lo he lanzado donde supongo que quería estar.

Y lo primero que me ha venido a la cabeza después de sacudirme las manos ha sido si no lo fuera mejor haberlo depositado con cuidado. Como si alguien que vive con la casa a cuestas esté en las tontás de quienes han dormido calentitos desde que nacieron.

Casi como sus padres.

Aunque no como sus abuelos.


jueves, 16 de mayo de 2013

TENÉIS UN PROBLEMA




Un tío mío, un hombre que amaba el dinero casi por encima de todas las cosas, tenía una curiosa fobia: no soportaba el jazz.

Y no es que nuestro bar de entonces fuera musical, nada de eso, allí sólo se ponía al ínclito Luis del Olmo hasta que llegaba la hora del telediario. Sí, ya sé que su programa acababa antes, pero a continuación empezaba la desconexión local, las noticias del pueblo y todo eso, y no es que nadie las oyera, pero un bar debe tener ruido de fondo, que tan raro es pasar a uno que esté en silencio como hacerlo a una iglesia y escuchar a Siniestro Total. No, los bares están para darle caña a tus sentidos, para que estén ocupados y te dejen tranquilo, es decir, para olvidarte del nirvana, que eso suena a chino y los chinos, chinos son.

Durante el verano la cosa cambiaba un poco, sobretodo los días fuertes, esos en los que el constante abrir y cerrar del cajón de la registradora atemperaba el quitaeso de rigor, aunque casi nunca les hacíamos caso, tal vez lo bajáramos un poquito, los Maiden y tal al principio y después los U2, estos les disgustaban menos, aunque creo que el resultado habría sido el mismo si nos hubiera dado por Tomás Luis de Victoria: el jevi no se hizo para tus padres. Con todo, nunca olvidaré una mañana de feria que se nos fue de madre, aquello parecía como si el personal hubiera oído la primera trompeta del Apocalipsis, ¡madre mía...!

Ya eran las cuatro y pico de la tarde y el bar seguía de bote en bote, era para ver la cara de mi tío, pálido, sudando, creo que fue la primera vez que le vi hacerlo. Estaba fumándose un pito junto a la puerta de la cocina, recuperando el resuello, cuando uno de nosotros puso el Hey Boy, Hey Girl, a toda hostia, que ya habíamos trucao el radiocedé...

Y aquello se convirtió en un pandemonium.

Creo que también fue la primera vez que le vi bailar. Y despachando copas, pá que luego digan las feminazis...

Pero una calurosa noche, sin saber como ni porqué y ya pasado el rato de jaleíllo, empezó a sonar jazz, y en una de mis llegadas para hacerme el auto-servicio de la terraza me dijo que por favor quitara aquello, estaba sentado en un taburete, una mano en el riñón derecho y la otra sosteniendo un cigarrillo, parece como si lo estuviera viendo, es así como lo recuerdo...

- "¿Y eso?"
- "¡Quítalo!...no soporto esa música"

Yo empecé a escuchar jazz casi al mismo tiempo que a los Zeppelin, esto es, hace cuatro años, cuando estuve hundido por aquello. Pero eran cosas de Billie Holiday, mayormente, me gustaba esa voz tan frágil, tan auténtica, tan dolorida, no sé...Canta como si lo hiciera a solas en la cama. Y con las persianas bajadas.

Una vez que fui regresando a mis cuatro cabales los estiré un poco más, lo suficiente para llegar al jazz puro, al clásico, al instrumental, música difícil de tararear, es más para dejarte llevar, aunque suene tan manido como declaración de futbolista, pero es que es así: tú estás ahí y no le haces mucho caso. Pero tampoco la quitas.

Duró hasta que me puse bien. Y desde entonces sólo la pongo en el bar a la hora del café, ¡pero la de sermones que me tragué del Cifu...!

Esta tarde no ha sido la excepción, que desde que vimos la luz con Spotify, versión pagana, se acabaron muchos de nuestros problemas, y como de costumbre estaba en modo Radio, sección jazz, cosa que no les ha importado demasiado a la cuadrilla de bastorros que me han salvado (¡y bien!) la tarde, ellos andaban de reconciliación y tal, son de otro pueblo, uno con tanta corteza como pueda tenerla el árbol que más la tenga, pero la cosa estaba controlada porque entre ellos estaba el jefe, mi cliente, uno que sabe estar en cualquier sitio que merezca la pena estar, tiene una buena historia...

En fin, que les he dejado a su marcha y me he ido con el ordenador, sección Intenné, que eso es el mayor invento desde que el primer mono necesitó de unas gafas, y yendo de acá para allá he dado en caer sobre un diamante que han vendido por 20 millones de euros, "el diamante perfecto", y una vez que he spameado la noticia la he leído, y lo he visto, y era tan jodidamente hermoso que sólo de imaginarlo entre mis manos se me ha puesto morcillona, de verdad, es para verlo, y me importa un cojón el dinero, y tal...Pero si yo hubiera tenido ayer 21 millones de euros no estaría hoy escribiendo esto.

Me he ido a otro lao y un rato después he vuelto, quería verlo otra vez, y no ha sido ninguna mi sorpresa al leer los comentarios siguientes al mío, no por nada es un periódico concienciado, que ya me dirás tú, y ni te cuento sus conciencios, hoy estaban de fiesta porque han salvado a una perra en no sé donde, creo que en la China, siempre la China, y cuando digo perra me refiero a su primera acepción, nadie se equivoque...Así que en vista del festival de insultos al capitalismo que hace de una piedra lo más perfecto he escrito otro en el que decía no extrañarme porque haya alguien capaz de todo para conseguir algo así, que si a mi el capitalismo me suda el nabo más que a ellos no por eso tengo que renegar de lo bello, y después de poner mi segundo huevo me he vuelto a ir, y según donde lo dejes poco tarda en recibir la visita de los comegüevos, y este ha sido uno que ha dejado una nota que decía:

- "La simetría es la belleza de los tontos (Pablo Picasso)"
- "Y lo asimétrico es del gusto de lo monstruoso (Yo)" he dejado como respuesta.

Poco después se han pasado para adentro mis azacanes de hoy, salvado sea el dicho, hacía fresquito y ni ellos son como sus padres, que la raza degenera, como dice Pepe Isbert, y ha sido que la última incorporación ha tardado 0´2 en pedirme por favor que quitara esa música, que pusiera cualquier otra, que le ponía nervioso...

Bueno, no era Miles Davis en su etapa "ida de olla", a mi también me pone igual, aunque hasta entonces lo hizo bastante bien, pero he aceptado su ruego con una sonrisa y he pinchado una carpeta de los setenta que empieza con el Maggie May de Rod Stewart, tampoco le han hecho mucho caso, ¿pero quien se lo hace a algo cuando estás bebiendo y no hay mujeres por medio? 

Y que viva Dalí.

Coño.


miércoles, 15 de mayo de 2013

LA HAMMER EN EL BAR




Las momias, como los zombis, sólo pueden atrapar a sus víctimas si estas están completamente drogadas, o son idiotas o, simplemente, suicidas, que las hay, nunca olvidaré aquella escena de Aguirre en la que una mujer se adentra tranquilamente en la selva para ser comida por los salvajes, prefería eso a continuar compartiendo aquel desquiciado viaje con el asesino de su marido, el inimitable Kinski...

Salvando esas excepciones (que hoy, como siempre, son la norma) basta con no frecuentar sus lugares de reunión y sus entretenimientos para continuar a tu marcha, que sí, que ninguna es la verdadera y tal, que todas merecen un respeto y consideración, sí, vale, lo que digas...adiós. Y ya está: nunca discutas con uno de ellos. Un buen sistema para encontrar lo que te conviene es saber qué les aburre, que es casi todo.

Esta mañana hemos recibido la visita de tres de nuestras momias más reconocidas, tres momias que ya no cazan ni gusanos de seda, tres momias enrolladas en papel higiénico Elefante, nada de mariconadas, pero pese a estar sin usar no pueden evitar un cierto olor a cuquillo de imposible disimulo por más Floÿd o Varón Dandy que se echen: la vejez se huele más que se ve.

Hay una que mira como si estuviéramos en 1978, me recuerda a uno que salía en Crónicas de un pueblo, uno con cara de nariz arrugada; luego está otra a la que le ha dado por ponerse sombrero, mira tú, me temo que llegará el día en que la vea con monóculo; y finalmente está la Gran Momia, que hasta las hormigas tienen clases, es la más vieja de todas y, poco sorprendentemente, la que mantiene una cierta dignidad, de hecho es la única hacia la que siento respeto y, porqué no decirlo, un cierto interés.

De la primera no he sabido su nombre hasta hace un cuarto de hora, a la segunda la conozco detodalavida, siempre casada con otra que haría atractiva a la actual Bardem y con dos o tres vástagos (y aunque fueran siete daría igual) que ya con quince años se parecían a Florentino Pérez, así que ahora no sé, ni quiero saberlo, supongo que tendrán aspecto de Eustaquio Habichuela. La tercera, la Grande, se asemeja a un busto romano, aunque conserva mucho de la Esfinge de donde procede: es quien calla cuando las otras lamian.

Pero ladrar, ladrar (que eso significa el neologismo que me ha salido de las pelotas. ¡Hurra!) lo hace la segunda con las oportunas muestras de reconocimiento de la primera, del tipo sí señor, ¡qué razón tienes!, es una vergüenza, y tal pascual.

La cosa iba hoy como ayer, o hace veinte años, es decir, izquierda mala, derecha buena, y el abecé esto y la razón aquello, y el telediario de antena3 y el gato al agua de intereconomía, que si no lleva tanto tiempo parece como si lo estuviera desde el 7-3 de Glasgow, y no fuera nada si todo esto lo escuchara al ponerles los vinos de rigor mortis y el pincho tócamelosgüevos, pero el caso es que estaba en el otro extremo de la barra y los oía como si estuvieran comiéndome la oreja, y coño, que es la una del mediodía, que todavía no ha empezao el telediario...

En fin, que mi viejo, viéndola venir, se ha salido de la barra para hacerle un comentario a la Gran Momia (un viejo amigo suyo), una chanza para cambiar de canal, ella le ha seguido el juego y se ha terminado el mítin, que las momias también discurren un tanto si ven que la jefa abre complacida la boca a otro cuando hasta ahí la había tenido cerrada mientras miraba el servilletero.

Peor es saber mal que no saber, ni punto de comparación. Pero explícale tú a una momia que todo lo que cree no vale ni el papel en el que va envuelta: antes muerta del tó que reconocer su error.

Y entre momias y zombis es mejor hacerse el muerto.


VIVIR PARA CONTARLO, NO PARA CONTAR




En dos ocasiones estuve quince días sin fumar; o sea, que durante mis últimos veinticinco años sólo un mes lo he superado sin ayuda del tabaco.

Recuerdo bien la segunda. Y digo que no la he olvidado porque jamás lo haré de la sensación que me entró por el cuerpo al dar la primera calada del cigarrillo que me ofrecieron: es lo más cerca que he estado de correrme por la cabeza. Casi me mareo del gusto. Más o menos como con aquella puta que se lo tragó todo sin acuerdo previo. Es el factor sorpresa quien te lleva un punto más allá.

Muchos son los beneficios cuando se abandona el fumeque, dicen, y con el loco correr de quince o veinte años, aseguran, tus pulmones recobran el aspecto que deberían tener, es decir, que en el caso de que al acabar esto decidiera dejarlo, los míos podrían confundirse con los de cualquiera nacido en el 73 y que no hubiera fumado en su puta vida. Bueno, contando que para entonces tendría cerca de sesenta palos no sé para qué cojones me iba a servir. Quizá para aguantar mejor la respiración al rebuscar comida en los contenedores hispañistanís.

Conozco a bastantes que lo han dejado en serio alguna vez, pero son más quienes han vuelto. Dentro de los que no, hay un caso curioso, y es el de un bon vivant que le tiene un miedo horroroso a la vejez y aún mayor a la muerte. Lo dejó poco antes de cumplir los cuarenta, a pelo, y fue porque la tipa que estaba follándose le dijo que le oía como un pitido, que ya es oír en ese trance, por mucho que las mujeres guarden la mitad de su potencia sensitiva en el oído, pero logró darle tan mal rollo que se la cortó, quisir, la cadena de la nicotina. Y se machacaba tres paquetes diarios. Pues bien, más de una, de dos y de tres veces me ha dicho que él no se muere sin volver a fumar, que cuando la sienta cerca, volverá. Claro que tiene una gran ventaja para soportar la espera: su vida es agradable y no le falta nada más que el tabaco. Y es que sólo teniéndolo casi todo uno le puede hacer frente a lo poco que queda fuera.

También sé de quien tuvo que dejarlo porque no le quedaba más remedio, era eso o morir pronto, y sólo acababa de entrar en la cincuentena, así que se quitó. Y aún hoy, pasados casi veinte años de aquello, sigue confesando que a veces siente unas ganas terribles de echarse un cigarrillo, y eso a pesar de que ya tendrá los pulmones como cualquier otro nacido en los cuarenta y que no haya aspirado más humo que el de los coches, las fábricas y las hogueras de San Antón.

Quiero decir...aquel mes mío, aquel mes que duró varios años, lo viví pensando una sola cosa desde que me despertaba hasta que me dormía: no fumar. Y eso sin contar lo que soñara, que si lo recordara no sería difícil de adivinar. Y será sano para el cuerpo, pero no para todo lo demás. Y como dicen aquí si no tienes lera, tienes cagalera, que viene a significar que cuando se va algo malo es que algo parecido está al llegar.

Todavía no he recibido ningún ultimatum, cosa complicada si tengo cerradas casi todas las conexiones, y tampoco soy alguien con uno de los platillos de su balanza tan pesado que pueda contrarrestar al de sesenta winstons diarios, no...Y yo no fumo tanto.

Ando, como nueces, no abuso de las grasas, huyo de los azúcares, abomino de los fritos y de vez en cuando me chispo bien.

Y qué queréis que os diga...Para vivir contando los días que han pasado y el dinero que te has ahorrado desde el último cigarrillo...

Pues menuda mierda.

martes, 14 de mayo de 2013

ECOS




Fue en uno de mis cumpleaños, creo que el 12º, sí...Estábamos en la casita de campo que teníamos, era pleno verano, recuerdo muy bien la alberca, muy azul, y la pequeña arboleda, y el pozo que había en el centro, sí...Lo tapaba una trampilla de forma cuadrangular, roja, oxidada, un pequeño candado la guardaba, sí...Alguna vez intentamos abrirlo. Pero no lo conseguimos. Aunque no creo que hiciéramos mucha fuerza.

Aquella tarde parecía ir bien, regalos y todo eso, besuqueos molestos y tal, pellizcos en las mejillas, supongo, sí...Después hubo una discusión, estaban bebiendo, y yo me senté encima del pozo y me eché a llorar mientras hablaba en voz alta, sólo me oyó mi hermano, creo...hace tanto tiempo.

Dos años después, una tarde en la que el cura intentaba enseñarnos a declinar rosa, rosae, escribí sobre el libro que si esos eran los mejores años de mi vida, como serían los peores. Me acuerdo perfectamente porque jamás he escrito sobre un libro, apenas subrayaba si lo ordenaban, ni siquiera doblaba las hojas para saber por donde iba, las memorizaba, aún lo hago así, sí...

Una noche, poco antes de mi primera retirada de la parodia pública (no tenía los dieciséis), llegué borracho a casa poco antes de que mis padres salieran de paseo, era temprano, salíamos pronto, me echaron la bronca y se fueron, me quedé extrañamente solo, éramos tantos...Me senté en una de las dos sillas que habían frente a la escalera. Y durante un buen rato me quedé allí, mirando la barandilla.

Tumbado en el sofá, solo, fumándome un puro barato y bebiendo una lata de Mahou de cinco estrellas, acabo de oír como alguien lloraba en la calle.

Y no he logrado certificar si era un niño o un gato.

Pero no me he asomado a la ventana.

Miento...una vez no cerraron bien el candado y lo abrimos para ver qué había dentro.

No había nada que pudiésemos ver.

Aunque sí oler.